El veterinario Néstor Serra Gómez-Nicolau, con una amplia experiencia en la industria de nutrición y salud animal, se ocupa actualmente de labores de seguridad alimentaria y control microbiológico en alimentación animal dentro de la empresa Adiveter (Grupo Pintaluba), con sede en Reus. Un ámbito de la profesión que no resulta del todo conocido, que también repercute en la salud pública y que ahora se destaca en esta nueva entrega de “Rostros de la veterinaria” de la OCV.
Desde su puesto en el departamento comercial, su día a día consiste en asesorar a los fabricantes de piensos a producir más y mejor, buscando maximizar la rentabilidad en fábrica, mejorando la producción, reduciendo las mermas y optimizando la calidad física e higiénico-sanitaria del pienso.
Licenciado en Veterinaria por la Autónoma de Barcelona, tras pasar por el departamento de avicultura de Elanco, Néstor se incorporó a Adiveter, un referente en el mundo de la nutrición y salud animal. Como su nombre indica, ADIVETER es la empresa especializada en ADItivos VETERinarios vinculados a la seguridad alimentaria, como dicta su claim “Adiveter: al servicio de la Seguridad Alimentaria”. Este año Adiveter cumple 30 años y, desde hace casi 15 años, Néstor forma parte de ella.
“Empecé colaborando en el Departamento Técnico, compaginándolo unos años más tarde con el desarrollo de la línea de adsorbentes de micotoxinas. Posteriormente asumí la Dirección Técnica y actualmente formo parte del Departamento Comercial”, explica el veterinario barcelonés.
Prevenir riesgos microbiológicos
“Ayudo a operadores y fabricantes de alimentación animal a prevenir y controlar riesgos, sobre todo microbiológicos, asociados a las materias primas y a optimizar los procesos de fabricación. Cada fábrica es un mundo, hay que estudiar con detalle cada caso porque no hay dos fábricas iguales, bien sea por particularidades estructurales o de ubicación, por particularidades de sus materias primas o condiciones del proceso...”, apunta Néstor, quien recuerda que durante 2025 en España se fabricaron 31 millones de toneladas de pienso.

Conviene tener en cuenta que el pienso es un vehículo directo de entrada y amplificación de patógenos en la cadena alimentaria, “por lo que el sector de la fabricación de piensos es clave no solo para la seguridad alimentaria animal sino también la humana. Lo que comen los animales repercute en todos los eslabones posteriores, también en nuestra alimentación, de ahí la importancia de una buena bioseguridad en todo el proceso: “de la granja a la mesa” pero también antes (de la granja). La seguridad de los alimentos comienza en el pienso”.
La relevancia del control veterinario de los piensos no admite dudas. Las materias primas llegan del campo frecuentemente contaminadas. “Si no se actúa, esa contaminación entrará a la fábrica, proliferará en el circuito, se trasladará al pienso, llegará a granja, afectará a los animales y se transferirá a los productos de origen animal. Si lo ejemplificamos con el caso de la Salmonella, siendo la salmonelosis es la segunda zoonosis europea más notificada y la primera a nivel de brotes colectivos, podemos hacernos la idea del gran impacto que puede llegar a tener el (no) control microbiológico de las materias primas y piensos”, subraya.
Rendimiento de los animales
Otro ejemplo ilustrativo sería el de las micotoxinas, ya que una gestión incorrecta en la fábrica de piensos afecta directamente a la salud y rendimiento de los animales, “lo cual supone pérdidas económicas importantísimas, por no hablar de las pérdidas que supone desechar toneladas de leche por contaminación con aflatoxina M1”. De nuevo se confirma que el veterinario es un aliado fundamental para el ganadero, también en términos de rendimiento, y para la protección de la salud pública.
Una dificultad añadida en su cometido estriba en que la microbiología es una ciencia compleja, “a menudo caprichosa” e imprevisible. En microbiología nunca 2 + 2 son 4. Lo mismo ocurre con las micotoxinas. Lo que es válido hoy, puede que no sea válido en unos meses y probablemente no lo sea el año próximo. Más si cabe con el efecto del cambio climático, que favorece de forma directa e indirecta tanto la contaminación microbiológica como por micotoxinas. La temperatura alta y las oscilaciones térmicas, la humedad y las condensaciones, las lluvias intensas o los períodos de estrés hídrico, entre otros, son factores que favorecen la contaminación y condicionan la fabricación y calidad del pienso”.
Dado que la seguridad de los piensos requiere de actuaciones antes, durante y después del circuito de fabricación, lo más gratificante de su trabajo es ayudar a los operadores de materias primas y a los fabricantes de piensos “a controlar riesgos y solucionar problemas que repercuten de forma directa en la granja y mejoran la salud y el rendimiento de los animales”.

Industria alimentaria y salud pública
“Los veterinarios somos unos grandes desconocidos para gran parte de la sociedad, que piensa que solo nos dedicamos a curar perros y gatos y desconoce que estamos presentes en absolutamente todos los eslabones de la cadena alimentaria, desde el sector primario hasta la industria. Entre otras cosas: formulamos y velamos por la seguridad de los piensos, velamos por el crecimiento, salud y bienestar en las granjas, velamos por el control epidemiológico y la resistencia a los antibióticos, velamos por la seguridad en la industria alimentaria y la salud pública”, explica Néstor.
Como mensaje final, incide en una idea muy similar: “Somos una profesión clave no solo para la alimentación y salud animal sino para la alimentación y salud humana. La veterinaria es la ciencia que protege la vida en todas sus formas”.
Con esta publicación, la OCV pone en valor el trabajo de los profesionales veterinarios dedicados la sanidad animal, la salud pública, la seguridad alimentaria, la investigación y el medio ambiente desde diferentes ámbitos, siempre al servicio de la sociedad.