La joven veterinaria Matilde Albarrán Medina, perteneciente al Colegio de Badajoz, se dedica a la clínica de grandes animales en esta provincia de tan profunda tradición pecuaria. Trabaja con bovino extensivo –incluida la raza de lidia-, porcino, ovino y equino en la empresa Yalvet Veterinarios S.L. junto a su esposo, José Lira. Tras ocho años de ejercicio en este ámbito, tiene muy claro que la veterinaria “es una vocación para valientes”. Ella protagoniza esta nueva entrega de la serie “Rostros de la veterinaria” que difunde la OCV.
Graduada en Veterinaria en la Universidad de Extremadura en el año 2018, comenzó a trabajar junto a su padre, Antonio Albarrán, en clínica de campo. “Al principio siempre íbamos juntos y yo estaba en una formación continua. El asunto cambió cuando comencé a ir sola y enfrentarme a situaciones complicadas en las que tenía que llevar a la práctica todo lo que había aprendido. En muchas ocasiones, tuve que ser autodidacta ya que te enfrentas a casos que no has visto anteriormente”, señala Matilde, quien resalta el componente estacionario de la veterinaria de campo, porque el calendario marca la actividad.
Su amplio abanico de servicios por las explotaciones abarca programas de vacunaciones en ovino, porcino y vacuno; programas reproductivos en bovino (inseminaciones, valoración de sementales, espermiogramas, diagnósticos de gestación, sincronización de celos), cirugías programadas y de urgencia, sobre todo en bovino de lidia y manso.
En concreto, y por especies, en porcino se refiere a vacunación obligatoria de Aujeszky en enero, mayo y septiembre, voluntaria Mal Rojo, septicemia hemorrágica y desparasitaciones; vacunación voluntaria de Clostridiosis y desparasitación en ovino; desparasitación, vacunación voluntaria de tétano, gripe y Fiebre del Nilo en équidos, mientras que en bovino lleva a cabo vacunación voluntaria de IBR y BVD, Clostridiosis, y en algunas explotaciones Rotavirus y Coronavirus, además de desparasitaciones internas y externas.
Impacto en la salud pública
“De septiembre a marzo/abril, realizamos montaneras de cochinos, herraderos de ganado de lidia, partos distócicos, preparación de camadas (tanto de toros como de novillos) y programas vacunales, y de marzo a septiembre, por el incremento de cornadas, problemas oculares en toros y novillos (cuerpos extraños, Moraxella bovis, Thelazia), diagnóstico de gestación, espermiogramas y programas vacunales”, apunta Matilde Albarrán, quien recuerda el impacto de su trabajo en la salud pública.
“Actuamos en la prevención y control de enfermedades tanto de animales como personas, mantenemos la seguridad alimentaria supervisando la salud de los animales destinados a consumo humano, velamos por su bienestar y cuidados“, señala la veterinaria pacense, que confiesa también cuáles son los momentos más agradables del ejercicio en el campo.

“Lo más gratificante para mí –reconoce- es atender un parto distócico de un animal en el que conseguimos salvar a la cría y a la madre. Que el ganadero no avise pronto y lleguemos a tiempo es crucial en estos casos. Además, resulta emotivo salvarle la vida a un animal tras un accidente grave y seguir viéndolo en la finca. En el caso del ganado de lidia lo más bonito es ver lidiarse un toro que has intervenido previamente tras una cornada o alguna pelea”.
Dificultad de manejo de la raza de lidia
Las dificultades inherentes al manejo de la raza de lidia en la dehesa son una constante en su labor diaria. “Es muy complejo, sobre todo cuando están heridos, porque suelen estar enfadados, molestos e incómodos. En tales casos debemos valorar con calma cómo abordar la situación para no correr riesgos tanto el personal de la explotación como el veterinario o los vehículos, e incluso el propio animal, que puede estropearse los pitones en cualquier derrote. Los toros en estas circunstancias suelen acometer y tenemos que medir a qué distancia nos dejará acercarnos para disparar el dardo anestésico (con rifle o cerbatana) y poderlo anestesiar para valorar la magnitud de la herida”, indica.
Según precisa Matilde Albarrán, a diferencia de otras especies en las que primero se valora la situación del animal y después se interviene, “en estos casos realizamos la valoración e intervención del animal a la vez ya que no hay más oportunidades. Además, el post operatorio conlleva complicaciones por su manejo y por el estrés que le produce estar encerrado. Por ello, sopesamos si es mejor encerrarlo o mantenerlo en el campo con una antibioterapia más reducida”.

Partos distócicos y cirugías
También menciona la veterinaria los partos distócicos y las cirugías. “La mayoría de los partos distócicos que atendemos son malas posiciones fetales, torsiones uterinas o grandes desarrollos fetales. Estos últimos suelen coincidir tras una suplementación alimentaria en los tres últimos meses de gestación, que es cuando hay mayor desarrollo corporal y muscular del feto. Las cirugías de urgencias en ganado manso suelen ser las cesáreas y alguna rara vez cornadas. En ganado de lidia siempre suelen ser cornadas. Las cirugías programadas son hernias, abscesos y cirugías reconstructivas”, aclara.
A Matilde Albarrán le encantaría que “la sociedad conociese las ganaderías y el hábitat real de los animales como lo vemos los veterinarios de campo. En los días bonitos y en los que no lo son tanto. Que entiendan lo complejo que es diagnosticar un animal que no puede explicar qué le pasa, además de estar en el campo con pocos medios diagnósticos (radiografia, ecografía, análisis), valiéndote exclusivamente de la observación y la experiencia. Y que supieran la relación real que tiene la veterinaria con la salud pública”.
Asimismo, hace un llamamiento a los estudiantes de últimos cursos de carrera para que se animen a ser clínicos de campo, “pero teniendo presente que esta es una vocación para valientes. Es trabajo de dedicación plena, en el que no hay horarios. Los animales no entienden de festivos ni de vacaciones. Se debe apostar por la divulgación, como se hace por ejemplo en el Symposium de Zafra, dándole la oportunidad a gente joven de implicarse en el trabajo diario de un veterinario de campo a través de la práctica”.

Peso de la figura paterna
Un aspecto en el que, en su caso particular, ha resultado determinante la figura de su padre. “Mi familia siempre ha estado vinculada a la ganadería y al campo. El hecho de que mi padre sea veterinario de campo es lo que hizo que en mi cabeza no hubiera otra opción. Desde que tengo uso de razón he acompañado a mi padre en el trabajo por las tardes al terminar el colegio o los fines de semana. Tengo recuerdos ayudándolo a operar toros, vacunar o en algún parto siendo muy pequeña. Además, a él le apasiona su trabajo y enseñarlo y siempre que se podía nos acompañaba la familia e incluso amigas mías, así que esto hacía que me gustase más todavía”, concluye.
Matilde considera fundamental difundir la importancia de la profesión veterinaria y, de hecho, ha intervenido como ponente en las Jornadas Técnicas de A.V.E.T., el Symposium del Toro de Lidia en Zafra, la Jornada Internacional Científico-Técnica de Reproducción en Huesca y otras acciones formativas, algunas de ellas programadas por el Colegio de Veterinarios de Badajoz.
Con esta publicación, la OCV pone en valor el trabajo de los profesionales veterinarios dedicados la sanidad animal, la salud pública, la seguridad alimentaria, la investigación y el medio ambiente desde diferentes ámbitos, siempre al servicio de la sociedad.