Muchos recuerdan aquellas imágenes del rescate en Utiel de una mujer atrapada en una casa rural inundada tras la DANA de Valencia, con el agua al cuello, con su perro en brazos y sus gatos dentro de un transportín, mientras un bombero descendía desde un helicóptero para izarla. Tras la erupción del volcán de La Palma de 2021 ocurrió algo parecido con varios podencos atrapados por la lava en la zona de Todoque: su rescate mantuvo en vilo a todo el país. Esas escenas estuvieron presentes durante el IV Congreso Internacional de Sanidad y Bienestar Animal que estos días, promovido por la Organización Colegial Veterinaria (OCV) con la colaboración del Colegio de Valencia, clausurado ayer en la capital del Turia.
Esta última sesión se ha dedicado a analizar el papel de los veterinarios y de los perros de rescate en la gestión de desastres, tanto en la actuación de la Unidad Militar de Emergencias (UME) como, más aún, en materia de salud pública y en el marco legal y de organización de Protección Civil. Pues bien, pese a que el RD 524/2023 obliga a proteger a los animales como parte de la gestión integral de estas emergencias, ni el Gobierno central, ni la mayoría de las comunidades autonónomas y menos los ayuntamientos han desarrollado aún tales planes de actuación.
Como constató la presidenta del Colegio de Veterinarios de Tenerife, María Luisa Fernández de Miguel, “en Canarias comenzamos a trabajar en un plan cuando en 2017, atendiendo un incendio en Gran Canaria, una residente británica se rezagó de la evacuación por salvar a sus animales. Finalmente, encontraron los cuerpos calcinados de ambos cerca de su casa”. Fue el testimonio de la representante colegial de la única autonomía que, antes incluso de la erupción, ya tenía ultimado un protocolo y un convenio entre los veterinarios canarios y su ejecutivo cuyo primer “ensayo” se dio con motivo de aquel desastre. Murcia fue la segunda en 2025 y la valenciana será en breve la tercera.
En la jornada de clausura de este IV Congreso Internacional -que ha reunido desde el jueves a 200 veterinarios de todo el país- se trató de dar respuesta a una asignatura aún pendiente: ¿Por qué son necesarios los veterinarios en las emergencias?. Fernández de Miguel concretó, a partir de lo vivido en las islas, sus razones: “Porque es evidente que existe mayor sensibilización social, incluso se ha legislado a los animales como ‘seres sintientes’; porque el apego que les tenemos complica muchas veces las evacuaciones de personas; porque, por razones sanitarias y para el control de posibles zoonosis y problemas de salubridad, el personal de emergencias necesita controlarlos; porque en la inmensa mayoría de ayuntamientos no existen veterinarios municipales que conozcan el terreno y tengan los conocimientos necesarios; porque para auxiliar en los rescates y atender a los animales afectados son necesarios veterinarios voluntarios y para ello debe existir un colegio que convoque y coordine”.
Planificación, protocolos y simulacros
En Canarias, esta planificación ha implicado la redacción de un protocolo que marca el inicio y el fin de la actividad de estos profesionales; la financiación de equipos homologados para los voluntarios intervinientes así como de los costes de material, viajes, alimentación y alojamiento; formación en situaciones de este tipo y con animales en particular; un seguro de accidentes que cubra toda la emergencia y un encaje de los veterinarios en la estructura de dirección de la crisis. Desde la erupción, representantes de los veterinarios han participado de la toma de decisiones del puesto de mando de cuatro incendios y en otros 5 simulacros.

La tercera región, tras la de Murcia, que se sumará a este modelo y que realmente supone un desarrollo de la propia regulación nacional vigente será la valenciana. Como informó Marta Gabaldón Pérez, jefa de servicio de Protección Animal de la Consellería de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y de Recuperación, la regulación autonómica en materia de protección, bienestar y tenencia de animales (Ley 2/2023) ya confirmó también la obligación de la Administración autonómica y local de “elaborar protocolos de actuación y planes de evacuación y emergencia ante catástrofes naturales, pandemias o similares” de todo tipo de animales.
Y fue, con motivo del desastre de la DANA, cuando se “identificaron” necesidades tales como articular un sistema para el rescate y atención urgente de animales afectados -y de la mano del Colegio se improvisaron puestos de atención veterinaria sobre el terreno-; para identificar a miles de perros o gatos y localizar a sus responsables (para lo cual el microchip fue clave); para reubicar momentáneamente a los afectados y tratar a largo plazo e incluso hospitalizar a otros (los hospitales privados y de facultades de Veterinaria se movilizaron);para gestionar los cadáveres de animales de compañía y de abasto (se activó a la empresa Tragsa) y gestionar la “logística para el enorme tonelaje de donativos materiales y económicos que solidariamente llegó” (el Bioparc de Valencia comenzó a almacenarlo pero se tuvieron que alquilar dos naves industriales), confesó.
De ahí que en estos momentos se ultime, de forma coordinada con la Agencia Valenciana de Seguridad y Respuesta a las Emergencias y en contacto con el Consejo Valenciano de Colegios de Veterinarios un ‘Procedimiento de Atención de Animales’ y un convenio de colaboración con los propios colegios para afrontar estas situaciones. Documento que, además, deberá “servir de base” -aclaró Gabaldón- para el desarrollo posterior de los ‘Planes territoriales de Emergencias (PTME). En este terreno de lo local, junto a ello, se trabaja en otro protocolo paralelo dirigido a consistorios, cuidadores y protectoras implicadas en la gestión de colonias felinas, damnificadas también por causa de la DANA.
Veterinarios municipales
Porque, en este plano municipal, la planificación de estas cuestiones en todo el país es si cabe más inexistente. Así lo puso de manifiesto la presidenta de la Asociación Española de Veterinarios Municipales, Belén Muñoz, quien en primera instancia se lamentó por el escaso porcentaje de consistorios que cuentan con un veterinario en nómina. Su papel, según detalló, debería ser clave a la hora de definir los protocolos de evacuación adaptados a las condiciones del municipio; para mantener un censo actualizado y un mapeo con las ubicaciones de colonias felinas y de las protectoras locales; para situar en función de ello los puntos críticos con los que priorizar actuaciones y para identificar los recursos, esto es, el voluntariado de veterinarios y civiles, de posibles refugios temporales, redes de casas de acogida y centros veterinarios que pudieran atender a los animales afectados. Además de todo ello -como destacó- los ayuntamientos son los responsables de la retirada y tratamiento higiénico de los animales muertos para evitar posibles brotes epidémicos.

Con anterioridad, intervino María Gema Rojo, jefa de Servicio de Riesgos Químicos y Biológicos en la Dirección General de Protección Civil y Emergencias del Ministerio del Interior, quien describió la estructura hoy existente y el marco legal del Sistema Nacional de Protección Civil. Rojo detalló y valoró positivamente las posibles funciones de veterinario en este tipo de emergencias y consideró la conveniencia de que tenga “una intervención directa” en el análisis de riesgos, en la redacción de protocolos de evacuación, la atención y triaje de animales afectados, a la hora de definir los alojamientos temporales y la logística de sus traslados… e incluso -durante la crisis- “en el asesoramiento especializado” a sus equipos de dirección.
Por su parte, Luis Antonio Rodríguez Álvarez, teniente coronel Jefe del Grupo de Intervención en Emergencias Tecnológicas y Medioambientales de la UME, habló de sus actuaciones en los distintos tipos de crisis en las que intervienen. El alto mando destacó el trabajo del servicio veterinario integrado en esta unidad así como del “papel clave” en este tipo de desastres que tienen los perros adiestrados para la localización y rescate de víctimas. Asimismo, describió los riesgos existentes –nucleares-, biológicos y químicos-, ponderó la eficacia del trabajo en equipo bajo un mando único y con un adecuado entrenamiento, y se refirió a su presencia en Barcelona, durante 69 días, para contener el brote de PPA detectado en jabalíes en las proximidades de la capital catalana.
“Nuestra tarea en este caso – señaló el oficial- ha permitido trazar un plan sobre el terreno con equipos multidisciplinares, estableciendo fases y procedimientos estrictos, que eviten la propagación de la enfermedad a través de eventuales vectores. Se ha seguido el esquema habitual de preparación, respuesta y resiliencia/recuperación”.
También intervino Paolo Dalla, experto de la OMSA en gestión de catástrofes con presencia de animales, quien inisistió en la importancia de la prepación y anticipación ante este tipo de fenómenos extremos, que puedne ser terremotos, incendios forestales, terremotos, sequías, huracanes o confluctos bélicos, entre otros, que suceden por todo el planeta.