La ponente y el presidente colegial, al inicio de la jornada
El Colegio de Veterinarios de Huesca fue escenario de la jornada “Cuando la vocación pesa: el coste emocional de la profesión veterinaria y como protegerte”, a cargo de Lorena Millán, doctora en Veterinaria y graduada en Psicología Clínica. En la presentación, el presidente, Fernando Carrera, se refirió a la importancia y actualidad de este problema, “un estado de agotamiento físico, emocional y mental derivado del estrés laboral crónico y, en la profesión veterinaria se ha convertido en un fenómeno de enorme relevancia por su frecuencia y por sus consecuencias.
“Hablar hoy de salud mental en la profesión veterinaria ya no es una cuestión secundaria ni un asunto privado de cada profesional. Es, cada vez más, un problema colectivo que afecta a todos los que ejercen la profesión, a la sostenibilidad de las clínicas y empresas y, también, a la calidad de la atención que reciben los animales y sus tutores”, indicó Carrera.
En este contexto se enmarca la presentación realizada sobre burnout veterinario, centrada en explicar sus causas, sus manifestaciones y la evolución reciente del problema a partir de tres estudios desarrollados por el equipo de la UNED dirigido por Amparo Osca con la participación de Lorena Millán y Jesús Barrado, y con el apoyo de Boehringer Ingelheim y de la Asociación de Veterinarios de Porcino de Aragón (AVPA).
El objetivo común de estos trabajos ha sido entender mejor qué está ocurriendo en la profesión, qué factores están deteriorando el bienestar emocional de los veterinarios y qué líneas de actuación deberían impulsarse para prevenir un desgaste que, en muchos casos, ya ha superado el umbral de lo asumible.
El primer gran estudio, “La Salud Mental en la Profesión Veterinaria”, fue realizado por la UNED y Boehringer Ingelheim y presentado en marzo de 2024. Recogió más de 1.200 respuestas, de las cuales 868 correspondían a veterinarios de pequeños animales. Sus resultados dibujaron una situación muy preocupante.
Conflicto familia-trabajo
Entre los principales factores asociados al burnout aparecían el conflicto familia-trabajo, la elevada carga emocional, la sobrecarga asistencial, la presión económica y administrativa, la falta de reconocimiento y las dificultades éticas propias del ejercicio clínico. Además, el estudio subrayó que ser autónomo agrava este escenario por la soledad profesional y la responsabilidad total sobre la clínica o el negocio.
Las consecuencias detectadas en ese primer trabajo fueron especialmente alarmantes. Más del 60% de los veterinarios afirmaba sentirse mentalmente agotado y, además, no ser capaz de recuperar energía; la mitad refería sentirse tenso o muy preocupado; el 65% sufría tensiones musculares, junto con una presencia importante de cefaleas y malestar digestivo; y el 91,2% manifestaba tristeza cuando sentía que había fallado en algo relacionado con su trabajo. Más allá de los porcentajes, estos datos reflejaban un patrón de sufrimiento sostenido, con repercusiones claras sobre la salud física y emocional y con un riesgo evidente de abandono profesional.
Ese escenario ya era grave en 2024, pero la situación se volvió aún más delicada tras la entrada en vigor del Real Decreto 666/2023. Precisamente por el impacto percibido de esta normativa, se repitió el estudio en 2025 con una muestra de 707 veterinarios de pequeños animales, recogida entre el 23 de febrero y el 17 de marzo.
Los resultados mostraron un empeoramiento claro: aumentaron las puntuaciones tanto en estrés como en burnout y los incrementos se concentraron sobre todo en los indicadores vinculados a la sobrecarga de trabajo y al incremento de tareas burocráticas. Ítems como “la carga de trabajo”, “trabajar muchas horas” o “realizar tareas que requieren más tiempo del esperado” dispararon sus puntuaciones, a la vez que también aumentó la carga emocional ligada al vínculo con los animales y a la sensación de no poder hacer más por ellos por motivos económicos o normativos.
Peso de la nueva normativa
Uno de los aspectos más duros de este segundo estudio fue constatar que el malestar no se limita al cansancio cotidiano o a la presión asistencial. El documento describe que la nueva normativa ha generado en muchos profesionales inseguridad jurídica y miedo a la sanción y que en las respuestas libres aparecieron con frecuencia referencias a abandonar la profesión, cerrar o vender negocios, optar por la jubilación o necesitar atención psiquiátrica. Incluso se registraron respuestas en las que se hablaba directamente de ideación suicida.
La presentación incorpora un tercer bloque de especial interés: el estudio sobre salud laboral y sostenibilidad de la medicina veterinaria en el sector porcino, encargado por AVPA y elaborado por Amparo Osca, Jesús Barrado y Lorena Millán. Este trabajo, desarrollado entre abril y junio de 2025, recogió las respuestas de 274 veterinarios de porcino, un colectivo mucho menos estudiado hasta ahora tanto en España como a nivel internacional. Precisamente por eso el informe resulta especialmente valioso: permite comprobar que el estrés laboral y sus consecuencias no son exclusivas de la clínica de pequeños animales, aunque en este ámbito adopten un perfil algo diferente.
En el caso del sector porcino, la puntuación global de estrés se sitúa ligeramente por encima de los valores medios, pero hay focos concretos que destacan de forma nítida. El principal estresor es el conflicto familia-trabajo, con especial peso de la dificultad para conciliar y del cansancio que impide participar en actividades personales y de ocio. Le siguen los factores sociales, donde aparecen con puntuaciones muy elevadas la crítica social al trabajo en producción animal y la percepción de que la nueva ley hace responsables a estos veterinarios del problema de la resistencia a los antibióticos. En tercer lugar, aparece la sobrecarga de trabajo, destacando también el aumento constante de tareas burocráticas y administrativas.
El informe de porcino añade, además, un matiz muy importante: el papel del reconocimiento. Los datos muestran que los veterinarios con salarios más altos presentan mejores indicadores en el resto de las variables, pero también que el reconocimiento profesional se relaciona con el malestar y con la propensión al abandono incluso más intensamente que el salario.